26 septiembre, 2020

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El consulado de Venezuela en Bogotá, en ruinas como la relación bilateral

La sede del consulado de Venezuela en Bogotá, que según denunció el Gobierno de ese país fue objeto de «saqueo y vandalización», está abandonada y en ruinas desde hace meses, un retrato del estado de las inexistentes relaciones entre los dos países.

La casona de dos plantas, situada en el barrio Santa Bibiana, en el costado oriental de la Autopista Norte de Bogotá, conserva los muros externos pero por su interior parece que hubiera pasado un huracán, según constaron periodistas de Efe que visitaron este martes el lugar.

Vecinos relataron que desde que el consulado cerró las puertas, en febrero de 2019 por la ruptura de relaciones entre los dos países, empezó a crecer la maleza en los jardines y luego llegaron mendigos y otras personas que por las noches se fueron llevando todo lo que pudieron, desde muebles y puertas hasta marcos de aluminio de las ventanas, entre otros objetos.

«Entran personas permanentemente a dormir, a principios de año entraban a bañarse, y han desvalijado la embajada (consulado), hemos visto sacar las rejas, los marcos de las ventanas, las puertas, prácticamente la han desvalijado por pedacitos durante este año», dijo a Efe Martha Segura, vecina de la sede consular.

RECUERDOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

En el piso del consulado, cubierto de basura, vidrios rotos y pedazos de armarios desvalijados, están numerosos documentos diplomáticos, entre los que se pueden ver incluso cartas rogatorias, así como facturas y hasta un árbol de Navidad tirado en un salón.

En una de las salas, regadas en el piso, hay varias fotografías del líder bolivariano Hugo Chávez, fallecido en 2013, junto con otros líderes de la izquierda latinoamericana, como el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, o los exmandatarios Evo Morales (Bolivia), José Mujica (Uruguay), y los brasileños Luis Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Otra fotografía muestra a Chávez saludando de mano al actor estadounidense Sean Penn.

En un espacio contiguo, sobre una mesa llena de carpetas cubiertas de polvo, reposa un retrato oficial del presidente venezolano, Nicolás Maduro, con las insignias de su cargo.

«No hay nadie de Venezuela que dé la cara por la embajada o que le interese siquiera cuidarla», dice la vecina y subraya: «A Venezuela no le duele que esta casa se caiga, y se está cayendo».


PROPIEDAD SIN DOLIENTE

En un comunicado divulgado en Caracas, la Cancillería venezolana denunció que el Gobierno colombiano «incurre en flagrante violación de los artículos 22 y 25 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, al permitir, por acción u omisión, la ocupación ilegal» de la sede consular.

Maduro rompió relaciones con Colombia el 23 de febrero de 2019 a raíz del fallido intento del jefe de la oposición, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de ese país por más de 50 naciones, de ingresar desde la ciudad colombiana de Cúcuta con una caravana de ayuda humanitaria.

Desde entonces la tormentosa relación entre los dos países, que se había deteriorado en 2015 por la expulsión de Venezuela de miles de colombianos, quedó en punto muerto y hasta hoy no existe contacto entre los gobiernos de Maduro y del presidente colombiano, Iván Duque.

La Cancillería colombiana no se ha manifestado sobre la situación del consulado, como tampoco lo ha hecho el embajador del Gobierno interino de Venezuela, Tomás Guanipa, designado para el cargo por Guaidó, a quien Colombia reconoce como presidente legítimo de Venezuela.

PROPUESTAS DE VECINOS

«Es una casa de un Gobierno extranjero que debería ser protegido por nuestro Gobierno independientemente de los problemas que tengamos», afirma Segura, quien señala que la situación del consulado es motivo de «angustia permanente» para los vecinos porque se ha convertido en refugio de mendigos y delincuentes.

Antes, «estando el consulado, nos sentíamos muy seguros» de tenerlo como vecino, pero «desde el problema de Maduro ellos se fueron y dejaron todo abandonado, no hay nadie que se preocupe», expresa.

«Aquí se meten los indigentes, roban, demuelen», afirma por su parte John Jairo Bolaños, otro vecino del consulado, quien dijo a Efe que muchas veces han llamado a la Policía y cuando esta acude detiene a algunas personas que casi enseguida vuelven a quedar libres porque suelen estar indocumentados.

Mientras las autoridades de los dos países no se ponen de acuerdo sobre quién debe encararse de la sede consular, Bolaños sugiere que la casona sea convertida en hogar de paso para familias de inmigrantes venezolanos que deambulan por la ciudad sin un techo.

«Hay tanto venezolano necesitado en Bogotá que (el consulado) puede ser un hogar de paso para ellos, una vivienda que ellos mismos restablezcan y donde puedan tener sus alimentos, criar a sus hijos, que sea provisionalmente una ayuda para esas personas que tanto lo necesitan en vez de ser destruido y vandalizado como lo está siendo en este momento», manifestó.

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