9 julio, 2020

¿Quién salvará al periodista y fotorreportero del Coronavirus? Diga usted.

A diario el periodista y el fotorreportero desafían los obstáculos y vicisitudes en el quehacer periodístico.
Fuente: Wooddley. Periodistas de medios nacionales dando cobertura a las incidencias del proceso electoral y político de las Primarias Simultáneas del pasado 15 de octubre 2019.

Denuedo, entrega y compromiso ciudadano compelen al periodista, profesional o dedicado a las lides y el empleo técnico e intelectual del quehacer periodístico. Estar y permanecer conectado a los hechos donde surgió o se produjo el qué, quién, cómo, cúando, por qué y para qué y dónde. Son los datos, detalles y referentes recabados por el investigador de campo, con seguimiento incluido.


Aclaro que no hay forma de escurrirse, escabullirse o dejar en espacios blancos o letras muertas al demandante abc del periodismo, tan ávido de nutrirse, de dar, de entregar y llevar mensajes. Sin olvidar que como sacerdocio tenemos la responsabilidad de respetar y preservar la regla de oro del periodismo: Off the Record (grabación o microfóno cerrado).

«La vida es solo la muerte aplazada»

Arthur Shopenhauer, filósofo alemán, considerado como abanderado del pesimismo profundo.
Fuente: Adalgisa Corcino. Los reporteros, camarógrafos y fotógrafos a diario sobreviven a innumerables desafíos y situaciones propias del contexto periodístico.


Empero, nos hemos cuestionado en algún momento cuál es la realidad humana, sanitaria, psicológica y deontológica del periodista. Sin importar el país o la posición geografía o geopolítica, existe una realidad a la que ningún ser humano está exento ni salvo: el Coronavirus.


Coronavirus, asesino o enemigo silente, asaltante como ratero por la noche, es la malvada sensación del incipiente 2020, que para muchos nos asiste como una eternidad y como si enfiláramos afectos entrañables y sempiternos.


Una infección, el contagio de epidemias, enfermedades contagiosas o como en el caso del Coronavirus, un asalto pandémico, espeluznante y de terror en segundo puede quitar la vida a un reportero, periodista, comunicador, camarógrafo y hasta productor-realizador que se desplazan a diario sin escatimar limitaciones, recursos o desafíos que comprometen su salud física y emocional.

Fuente: Adalgisa Corcino. El fotógrafo de Diario Libre, Pedro Bazil, se expone a la contaminación de plagas y bacteriana de una cañada en el Café de Herrera.


Se enfrenta el periodista a la dicotomía del ‘ser y saber ser’ y del deber cumplido, del compromiso ético, laboral y de mutuo acuerdo rubricado entre la empresa editorialista o medio de masas para el que funge como un cazanoticias, un sabueso de la información y, que por demás, debe aportar rigor redaccional, inmediatez, veracidad, enfoque, oportunidad o actualidad y verosimilitud.


Casi nada, unos cuantos elementos por enunciar, que en momentos de crisis como el Coronavirus no se pueden acicalar, manosear o adornar tanto, porque el mismo esquema es insostenible, pero, más aún; la incertidumbre que invade cada acción y pensamiento.

Todavía digamos, “palante, es el oficio, no pasará nada. Estamos con Dios. Yo he librado procesos y situaciones peores”, entre tantas anécdotas que se esfumaron y la lectoría no recuerda. A sí mismo nos afecta como humanos, que sentimos, nos afligimos, nos alegramos, nos lamentos y también dubitamos.

Con este escrito no quiero provocar críticas sobre la protección y las garantías de seguridad laboral ni económica que los dueños de medios o compañías editoriales ofrezcan a su equipo de calle ni de planta. Todos estamos expuestos. Nadie se escapa a la misantropía o al estado de conspiración. Ese es otro tema…

Los fotorreporteros, al igual que los periodistas se arriesgan a diario sin importar las inclemencias del tiempo, circunstancias. Jhon Escalante y Franklin Andrickson. Fuente: Adalgisa Corcino.


Nadie sabe qué día, ni hora, saldrá de casa para no regresar. Sin embargo, hay que informar, denunciar, replicar o retractar. Orientar y entre el dolor, también entretener. Porque el negocio del espectáculo no duerme. Y, hasta el sentir de la clase artística genera contenido, la presencia por el atento apoyo de los talentos como comunicadores, presentadores, locutores, actores y directores es loable, por su aparición en los spot publicitarios.


Pero, y quién después de todo esto, cuando se apaga el televisor, se acaba la producción de televisión del día, del noticiario o del programa radial de turno recuerda quién les informó, quién le denunció, le orientó o simplemente; le entregó un mensaje con una intención en 30 minutos con horario estelar.

El periodista sucumbe tras cada entrega y con sus años y devenir profesional los desafíos se incrementan, los miedos se fortalecen porque tiene una familia que en casa le espera. Los periodistas latinos, hispanos y del mundo son el clamor de cada comunidad, sector, condado, barrio, país, continente, y en fin, de cada territorio donde da cobertura periodística dándose la mano con la muerte a diario, como si se tratase de un lazo amical imperecedero.

El periodismo bélico o de guerra, el de opinión, el de investigación, los comentaristas y los columnistas son hacedores de contenidos son influenciadores y, por ende, siempre están en el ojo de la diana. Las catástrofes o tragedias nos persiguen a diario, tanto bacterias, microbios y otros microorganismos invisibles a ojo humano, pero, de menor riesgo.

A diario el periodista o reportero sortea su vida en el ejercicio del quehacer periodístico. Fuente Externa: Adalgisa Corcino.

En esta situación, el periodista no tiene forma de escaparse o saltarse el Coronavirus. Si previamente, estuvo en un conglomerado cubriendo actividad política, proselitista o de multitudes quién asegura que no pudiera contagiarse. De golpe, nos toca cambiar de ruta o sustituir la agenda porque sabemos que un hecho o acontecimiento opaca al otro por su actualidad, relevancia y trascendencia.

Quién salva a un reportero o investigador de no contagiarse, aún con guantes de latex o barbijo, mascarilla o protector, este virus avasallador no se compunge, no se frena, no posee corazón para tocárselo, tampoco a sus creadores les interesa. Entonces, te has preguntado y quién salvará al periodista de la pandemia Coronavirus, si es una epidemia que extendió su brazo inmisericorde en toda la esfera global.

Periodista, toma tus precauciones y medidas preventivas, sin reducirte a un pírrico ejercicio, pero, tampoco sin exponerte. Un Pulitzer en tu vida te dará prestigio o estatus, pero en casa, los tuyos te esperan. ¡Yo me quedo en casa!


¡Diga usted!

Share This