28 marzo, 2020

Serie de tres reportajes : Parte I. Febrero: “Independencia y Patria” con sabor a Carnestolendas

El enfrentamiento tiene un trasfondo de despojo, de purificación, de lucha y de libertad.

Adalgisa Corcino

Santo Domingo.- Febrero es sinonimia de folklore, para los dominicanos representa libertad, expresión del sentir, aunados a la manifestación cultural desprendida de las habitudes, creencias, tradiciones y costumbres; algunas originales con la fundación de La Hispaniola, otras legadas de Europa y África, siempre enfocadas a retratar carnalmente lo dulce o salado de la dominicanidad.

En esta edición carnavalesca recorremos los principales grupos nacionales de carnaval del país, sus atuendos o disfraces, caretas,  musicalización, coreografías y creación de comparsas. Siendo un vuelo con boleto de ida y vuelta a la complicidad y la alegría como especie de cachanchán, que sin importar religión o credos, región o comunidad, idiomas o señas, nos corre por la sangre uniéndonos en  bulliciosa festividad.

Los dominicanos apuestan a su industria humana y cultural por antonomasia, lanzarse a las calles y avenidas del país a compartir el júbilo, la calidez, sus temores y luchas, expresar la divinidad por medio del milagro de la vida que en la cotidianeidad es fehaciente púgil frente a la muerte, la calaca o la pelona reflejadas desde una suntuosa cueva o en vitrina de exhibición esquelética o cadavérica. 

Quisqueya la Bella es una tierra erigida sobre los esfuerzos de la plantación e industrialización de caña de azúcar e instalación de los ingenios, la explotación del oro, la riqueza literaria, histórica, política, gastronómica, educativa, patriótica y deportiva que sirven de materia prima para la detonación de un personaje o antifaz febrerista que enciende cada rincón del país.

¿Carnaval o Carnestolendas?

Y es que hablar de carne, carnavalada o carnalidad es la antesala a tres días del miércoles de cenizas, día en que empieza la cuaresma. También  reconocidas como “expresión de la carne” o celebración pública. Del latín caro, carnis, carne, y tollendus, de tollĕre, quitar, retirar. Este periodo y fluir es de permisividad y hasta cierto descontrol donde la primavera, con sus flores, rosas, laureles y variedades adornan el feriado “pagano” como citan algunos historiadores.

Se supone que el término carnaval proviene del latín medieval «carnelevarium», que significaba «quitar la carne» y que se refería a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma. Hay composiciones como Carnavarengue, que hacen honor al ritmo autóctono dominicano.

Actualmente, la iglesia católica no aprueba o admite al Carnaval como una fiesta propia del catolicismo, pero está asociada con otros países que profesan el catolicismo, donde el sincretismo religioso domina y preside con vastedad reconocidos episodios del espectro cristiano dominicano donde exponen a La Virgen Nuestra Señora La Altagracia, otros disponen representar altares y hechicerías, como la 21 División y las 7 potencias, las fiestas de palos, atabales y todo en alusión a una fe cultural y antropológica.

Carnaval, puntal del turismo-cultural

Sin equívocos, el entruejo de febrero es refrescante, dinámico, divertido, ágil e interesante por la mezcolanza étnica o (de tradiciones), racial o (de color y descendencia), donde la gente participa como un llamado a la felicidad, al festejo colectivo que en su prehistoria estuvo vinculado a las fiestas de San Juan Bautista y San Miguel Arcángel, antes del primer miércoles de Semana Santa o de cenizas, atractivos universales en la fe Latinoamericana.

Como plataforma turística el Carnaval es un imán para adentrarse a lo mágico del tiznado con carbón o aceite quemaó, del pintaó o de disfraces elaborados con harapo, retazos y toda cosa sólida reinventable. Al igual, que los desechos o materia orgánica como la jícara del coco y las palmeras, y quizás con permiso del mar, uno que otros caracoles, conchas de tortugas o cualquier recurso marino que resida a orillas o abandonado en la blanca arena.

Los turistas del siglo XXI, desean vivir y constatar experiencias saborizadas con el pueblo, su simpatía, saber del rechazo, lo que afecta, enorgullece, palpar la prosperidad o tristeza, el llanto y la risa que solo se  contagia del baño popular como epidemia de la idiosincrasia del dominicano, que te enferma de tantísima alegría o te fulmina, por demasiada algarabía, casi lo mismo. Y es así, como el Carnaval es una radiografía social que guía al visitante por el mágico peregrinar de la cultura quisqueyana.

Atraer hacia lo desconocido es más difícil, y si un turista gusta del color, del estruendo, del bochinche o sano escandalo con notoriedad, es una gran oportunidad para adentrarles a la fidelización carnavalesca citadina o pueblerina donde se imponen distintas exposiciones rebuscadas, burlescas o caricaturizadas recreándolas en un movimiento nombrado Carnaval donde fantasear, seducir, jugar, soñar, saltar y lucir son sentires autorizados, sin censura, dentro de las normas morales de la sociedad fiestera.

Elementos artesanales carnavalescos 

Los grupos carnavalescos y emblemáticos en las regiones y provincias del país, hasta la imponencia del tradicional desfile en el Distrito Nacional es una fidedigna identidad artesanal, creativa y espontánea de las incidencias y ocurrencias que defiende y libra el pueblo dominicano en su diario vivir. Los elementos y recursos en el diseño y confección de los vestuarios representan la ideología popular que anualmente se renueva y reinventa.

La agricultura, con hojas secas de plátanos, el papel de periódico o blanco, el metal, cristal, espejo, la tela, el brillo, aceite, pasta de calzados, el cartón, el plástico, la cinta, el cordón y cualquier recurso producido por la manufactura es necesario, reciclable y reusable al momento de ensamblar el arte despampanante, con la vistosidad y característica chulería que simboliza: las añoranzas o nostalgias del campo, los cuentos o leyendas (de boca en boca), las fábulas. 

Al confeccionar o fabricar las caretas con el fin de ocultarse y dar suspenso o enigma al desfilar, tener en cuenta que todavía impera el papel, la arcilla y barro, aunque la tecnología respalda atrevidas innovaciones como en La Vega, mantiene su tradicionalismo de tornear con “las manos” y pintar o decorar igualmente. 

Música y baile por pipá…

“En el carnaval, bailen las calles de noches, bailen las calles de días. La esperanza tuya, es la esperanza mía. En mi pueblo todo es alegría. Quizás, -una vieja y un viejito-, Califé, Califé… -Roba La Gallina, palo con ella, tín tín, pililín, al tón tón, molondrón… y desde la infancia se escuchó por ahí: -“se me muere Rebeca”… como parte del recordatorio musical que año por año es insustituible como insignias de la dominicanidad o la imagen carnavalera nacional.

A través del tiempo se han incorporado otros ritmos, nuevas composiciones como acompañamiento, sin embargo, esas canciones populares del folklore citadino son la chispa que cada personaje enciende en los multitudinarios feriados del carnaval en el país, donde niños, jóvenes, adultos y envejecientes corresponden al mandato espiritual y carnal que reposa en el armario cultural dominicano.

¿Y quiénes desfilan? “El Carnaval somos todos…”

En época del Carnaval sería apasionante poder recorrer las 31 provincias y sus comunidades, mudarnos con un camión hacia la eternidad, de pronto, con un itinerario de parranda empezamos por los tradicionales domingos del Carnaval Vegano, imperando el “Diablo Cojuelo” oriundo de España con su icónico vejigazo, pasando por Santiago, donde nos reciben con fuete en manos los “Lechones”, casi igualito que las “Cachúas de Cabral”, pero los latigazos son entre ellos, los cachos para después.

Llegando al Sur profundo en la tierra de Casandra Damirón y María Montez, son un referente los “Pintaós”, con mezcla infinita de cálidos y fríos colores; hay que asomarse a Puerto Plata y disfrutar la originalidad de la herencia aborigen con los “Taimáscaros”, un homenaje a los Taínos, mientras que desde Papá Liborio, siguen afirmando que los reales “Brujos son de San Juan”, representando la creencia en espíritus y misterios, con tabaco y pañuelos de color.

No solo peloteros a parido San Pedro Macorís, con su serie 23, los “Guloyas”, enraizados en la psiquis y corazón del macorisano fue declarado por la Unesco como patrimonio cultural, además del famoso “Gagá” que a ritmo de fututo, tubo de bambú y caracol, saca al dominicano y al curioso del hogar. Sin olvidar la belleza del “Carnaval Cotuisano” y el hollín de “Juampa”, un emblema de la cultura de Cotuí, desde 1988, además de su “príncipe africano”.

Si eres amante del mar a Río San Juan “Carnamar” debes llegar. Muy auténtica la coronación de la reina en un paseo por altamar. Todos los atuendos, disfraces y caretas son una reverencia a los recursos marinos; de su lado, las “Damiselas” de Cotuí son un legado femenino que distingue el arte y la expresión festiva en la mujer, han personificado Califé, entre otros.

También obedecen a Cotuí, los “Platanuses”, “Papeluses” y “Funduses” quienes sin importar la edad se desbordan en su ciudad. Siguiendo hacia el Norte, Salcedo, reconoce a sus “Mascaraos” con papel y caretas alusivas a animales mamíferos. En el Sur, los “Cimarrones” o rebeldes de incidencia rural y simbolismo, aquí la industrialización no tiene espacio, solo naturaleza y reciclaje. En Montecristi, los “Toros y Civiles”, encontrados en la calle, producen un duelo. El “Macarao” de Bonao, luciendo satén y lentejuelas, junto a cascabeles, serpentinas y silbatos. 

En el Distrito Nacional encontrarás a los “Tiznaos”, el Roba la Gallina, Rebeca, la Muerte en Jeep, el Rey Momo y la Reina del Carnaval Nacional, la participación de las Fuerzas Armadas, Aéreas y Navales como símbolo bélico y de defensa nacional, además con su típico desfile militar y la moderación del maestro, poeta y locutor, Osvaldo Cepeda y Cepeda, dibujando oralmente el esperado vuelo de los Súper Tucanos.

Como parte de las costumbres del Carnaval, el enfrentamiento tiene un trasfondo de despojo, de purificación, de lucha y de libertad.

Cobertura y presencia mediática en el Carnaval

Los principales medios masivos de radio, televisión, impresos y redes sociales del país se trasladan con equipos técnicos y talentos cada domingo a La Vega, Santiago, Cotuí, Moca o Río San Juan, para cubrir las incidencias, el colorido, la majestuosidad y las innovaciones que por años cautivan al dominicano y al visitante. Periodistas, locutores, cronistas o investigadores sociales visitan la geografía carnavalesca para conocer y difundir los recursos artísticos, culturales, religiosos y turísticos del propio feriado de febrero.

En 2019, la notoriedad periodística es capitaneada por los grupos de periodistas de la Asociación Dominicana de Prensa Turística (ADOMPRETUR), y la Asociación de Medios Digitales (SODOMEDI), liderada por la Dirección Nacional de Promoción Turística del Ministerio de Turismo (MITUR), regenteada por Milka Hernández, experta en Marketing Turístico y directora de promoción.

Como todo magno evento atractivo y descomunal, figuras internacionales como Tony Dandrade y Carlos de la Mota, embajadores de la dominicanidad han conquistado amigos y cadenas televisivas para dar cobertura, compartir con los veganos y disfrutar de la gastronomía, el folklore y la cultura del país, tan rica y variada, que no deja sucumbir en el hartazgo, para cada día hay… 

En las primeras planas, portadas falsas, paginas a full color o encartes los lectores de los principales diarios dominicanos como el Listín Diario, El Hoy, El Nacional, El Caribe, Nuevo Diario, Diario Libre, El Dinero, El Metro y El Día exhiben las extravagancias, ingeniosas indumentarias, espeluznantes y vistosas caretas, con impactantes fotografías logradas por expertos fotorreporteros.

En La Vega, Grupo Medrano, con 16 emisoras en cadena y Microondas Nacionales transmiten los domingos la fiesta popular más importante del Cibao, del país y de América, Carnaval Vegano, precisamente; la difusión se realiza única y exclusivamente por Canal 105, Súper K, Radio La Vega y Radio Olímpica, emisoras que cuentan con el apoyo total de las 14 emisoras restantes del GM.

Además del canal regional, Microvisión Canal 10, líder en audiencia vegana con una programación especial durante todo el mes de febrero que transmite lo mejor de la culta, olímpica y carnavalesca ciudad La Vega.

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